martes , 6 octubre 2026

Festival CLE 2026: La apoteosis sinfónica de un festival para la historia

Dicen que hay lugares donde la nostalgia no es una tristeza, sino una forma de quedarse. Este domingo 4 de octubre, a las siete de la tarde, el Paraninfo de la Universidad de La Laguna dejó de ser un simple teatro para convertirse en la orilla exacta donde el Atlántico decide abrazarse. Ocurrió en el concierto de clausura del Festival CLE 2026, una cita que no solo cerró por todo lo alto, sino que logró un hito rotundo para la música clásica canaria e hispano-caribeña en nuestro archipiélago: colgar el cartel de «todo vendido» y abarrotar el espacio hasta el último patio de butacas.

Sobre el escenario, la orquesta del festival —nutrida íntegramente por músicos canarios que cada año regresan a esta casa común— estuvo guiada por la joven maestra cubana Yudania Gómez Heredia. Gómez Heredia no solo dirigió; habitó la música con una madurez, una comprensión y una personalidad escénica tan aplastantes que dejó al público en ese estado de éxtasis silencioso donde la emoción es la única respuesta lógica.

La primera parte de la velada comenzó con la recuperación de Puntos y tonadas, obra para orquesta de cuerdas del compositor cubano Carlos Fariñas. Sonando por primera vez en la región —y con toda probabilidad en el Estado—, la partitura abrió una ventana hacia la memoria del campo cubano, transportando la sala a la poesía limpia y sincera de sus cantos campesinos. La velada continuó con el monumental Concierto para violín de la compositora Ileana Pérez Velázquez, radicada en Nueva York, defendido con maestría por el violonchelista y virtuoso venezolano Alexis Cárdenas. Fue un despliegue virtuosístico de proporciones descomunales: una arquitectura musical bellísima, tejida entre tintes impresionistas, destellos de atonalidad, serialismo y el pulso rítmico inextinguible de su tierra natal.

Tras el descanso, el furor de la creación contemporánea irrumpió con el estreno de La danza del V Lobo, de la compositora cubana Jenny Peña Campo. En esta obra de enorme complejidad y ardor afrocubano, la marimba y el piano asumieron el rol solista con una entrega brillante por parte de Verónica Cagigao y Ernesto Alemán, desatando una cerrada ovación al término de la última nota.

El programa transicionó luego hacia el lirismo postromántico de Intermedio, del creador grancanario Bernardino Valle, sirviendo de puente perfecto para adentrarse en la nostalgia pura de La Bella Cubana, de José White, cuyo fraseo elevó los ánimos hacia ese Caribe soñado que habita en el inconsciente canario. El cierre oficial lo marcó el conocido arreglo para cuerdas de la Malagueña, de Ernesto Lecuona, que puso al público en pie y obligó a la directora a salir a saludar hasta en seis ocasiones. Ante el fervor de la sala, la orquesta regaló una última pieza fuera de programa: La huida, también de Jenny Peña Campo. Con su color cinematográfico, melancólico y profundamente emocional, la obra rozó la piel de los asistentes y puso el broche de oro a una velada inolvidable.

Hay que reconocer la satisfacción de comprobar el trabajo impecable que viene desarrollando la firma Vector de Ideas en el ámbito cultural. Un esfuerzo que no solo amplía el espectro sonoro del archipiélago, sino que sitúa a las islas en el mapa internacional a través de este proyecto de hermandad entre la música clásica latinoamericana y la canaria. Anoche quedó demostrado que cuando la música se hace desde la verdad, el mapa no lo dibujan las fronteras, sino el lugar exacto donde nos encontramos.