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La Biblioteca Insular rinde tributo al poeta Fernando González en el 50 Aniversario de su muerte

El día 12 de mayo inaugura una muestra bibliográfica y documental y se presenta un libro del profesor Antonio Becerra editado por el Cabildo que recoge su poesía completa

Las Palmas de Gran Canaria, 9 de mayo de 2022.- La Biblioteca Insular de Gran Canaria inaugura el día 12 de mayo, a las 19:00 horas, la muestra ‘Fernando González: una vida escrita’, en la que, a través de distintos materiales documentales y bibliográficos, se ofrece una amplia perspectiva de la creación literaria del poeta, catedrático de Literatura y abogado cuyos intereses estuvieron adscritos a la corriente del Modernismo, cuando se cumple medio siglo de su muerte acaecida en Valencia.

González (Telde, 1901-1974) cuya vida durante la década de 1930 sumó a su dedicación docente una creciente actividad política al lado de su viejo conocido Manuel Azaña, en cuyo partido, Izquierda Republicana, militaba y por el que fue en 1931 candidato a diputado, fundó la revista y colección de poesía ‘Halcón’, donde apareció su último libro de poemas, ‘Ofrendas a la nada’ (1949). Coincidiendo con la mencionada exposición que podrá visitarse hasta el 24 de junio (de lunes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas), se presentará, el mismo día 12 de mayo, a las 19:00 horas, el libro del profesor Antonio Becerra que reúne la poesía completa del autor teldense que acaba de editar el Cabildo grancanario.

Poesía Completa’, la obra definitiva que compendia su producción, coincidiendo con el 50 aniversario de su muerte, recoge la trayectoria de un escritor que desarrolla una expresión poética peculiar. Comienza siendo un poeta cuyas influencias son eclécticas debido a su propia formación (Campoamor, Villaespesa); abraza el Modernismo de la mano de Tomás Morales, Saulo Torón o Montiano Placeres, y siente el influjo de la Generación del 27, por proximidad, pero también por amistad… “A lo largo de su obra impresa, son reconocibles ciertas marcas generacionales, pero es verdad que su concepción de la poesía lo lleva casi siempre a una poesía íntima o existencial”, señala Becerra, doctor en Literatura y Teoría de la Literatura por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y docente en varias universidades de España, China y Ecuador. “Se nos aparece como una figura extraña dentro del contexto en el que vivió, en el Posmodernismo, las vanguardias, la Generación del 27 y la poesía de posguerra con todos sus istmos”, añade Becerra.

Es un creador que ha sido etiquetado de diversas maneras y hay quienes lo consideran epígono del modernismo o machadiano; generacionalmente está vinculado con el 27 y hay muchos elementos de su biobibliografía que así lo atestiguan: ciertos temas y el tipo de poesía, la devoción por Góngora y el gusto por el teatro clásico (no olvidemos que hizo refundiciones de obras de teatro que se estrenaron en Madrid). Creo que, después de la Guerra Civil, es un buen ejemplo de lo que en su momento se llamó poesía del exilio interior: su escritura es la constatación de una derrota, de un silencio autoimpuesto; pero también es la poesía de quien ama profundamente la vida y cree que el mundo puede ser un lugar más amable con ella”, señala Becerra.

La exposición que exhibe la Biblioteca Insular, comisariada también por Antonio Becerra con motivo del 50 aniversario de la muerte del poeta Fernando González, pretende ofrecer una visión poética y personal del escritor a través de algunos aspectos que definen su vida y su producción literaria, muestra diversos fondos manuscritos e impresos custodiados en la biblioteca. Hay que recordar que recientemente la Casa-Museo León y Castillo de Telde acogió el pasado mes de abril el seminario titulado ‘Fernando González, 50 años después’.

La exposición se articula en torno a los cinco apartados en que está estructurada la introducción a su ‘Poesía completa’: ‘Será poeta y se morirá de hambre’, ‘Con 20 años, un libro bajo el brazo, recién llegado de Canarias’, ‘Resígnese, ya está usted amarrado, ¡es usted profesor!’, ’Por su pertinaz política antinacional y antiespañola’, ‘El desierto y los poetas oficiales como beduinos’ y ‘Fernando González en la distancia’.

González, en su última etapa escritural y vital, se verá atravesado gravemente por las consecuencias de la Guerra Civil Española. En este periodo, el de su madurez, solo publicará un libro de poesía, ‘Ofrendas a la nada’ (1949), en el que, desde su condición de exiliado interior, volverá a los temas de su universo íntimo, pero ahora con la muerte más presente, desde su peculiar estilo, aunque más desnudo, como presagiando el silencio, y acercándose más que nunca al magisterio de Antonio Machado.

El poeta de Telde

Nacido en el seno de una familia humilde de Telde, en 1901, aprende las primeras letras de la mano de su madre; conoce al poeta Montiano Placeres, quien lo anima a escribir, y es presentado muy joven ante la prensa insular por Francisco González Díaz.

Se relaciona con los poetas insulares mientras es proclamado por la prensa tinerfeña como el heredero de Tomás Morales tras su muerte. También mantendrá una profunda amistad con Saulo Torón y con otros poetas coetáneos.

Tras instalarse en Madrid para estudiar, becado por el Cabildo, se integra en la vida cultural madrileña y participa en las principales publicaciones de la época, al punto de convertirse en una figura destacada de la cultura en la II República, por su doble condición de poeta y divulgador de la literatura (en su faceta de catedrático de instituto, crítico y editor). Tras la Guerra Civil, y la posterior depuración política, por su condición de azañista, deberá esperar 17 años para volver a ejercer la docencia.

Poco antes de julio de 1936 había ganado la cátedra del instituto Nebrija de Madrid, que no llegó a ocupar, pues marchó a Barcelona, donde trabajó durante la guerra como profesor. Concluida la contienda, fue depurado de su puesto, y se fue a Valladolid, donde estaba destinada su esposa, Rosario Fuentes, también catedrática de instituto. Allí fundó la revista y colección de poesía ‘Halcón’, donde apareció su último libro de poemas, ‘Ofrendas a la nada’ (1949). Posteriormente, se licenció en Derecho y ejerció como abogado hasta 1958, el mismo año en que fue repuesto en su cargo como catedrático con destino en Valladolid, dando por concluida su obra poética.

A principios de la década de 1970 el poeta gestionó la adquisición de su biblioteca y archivo por parte del Cabildo de Gran Canaria. Hoy la citada biblioteca y archivo se encuentran en las dependencias de la Biblioteca Insular del Cabildo de Gran Canaria.