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María José Turrión: “La represión de la masonería canaria se produce desde el comienzo mismo de la sublevación”

La historiadora y exdirectora del Centro de la Memoria Histórica de Salamanca imparte una conferencia el día 21 de octubre en la Casa-Museo León y Castillo, en el marco del Seminario ‘Mito y realidad de la masonería’

Las Palmas de Gran Canaria, 19 de octubre 2021.-La represión de la masonería canaria se produce desde el comienzo mismo de la sublevación” , según explica la historiadora y exdirectora del Centro de la Memoria Histórica de Salamanca, María José Turrión, quien agrega que la Logia Añaza, en Tenerife, fue rápidamente incautada y saqueada, y su local ocupado por la Falange el 19 de julio de 1936. Esa documentación está en la actualidad en el archivo de Salamanca. Turrión ofrece el día 21 de octubre, a las 20:00 horas, la conferencia ‘La represión de la masonería en la España del siglo XX. Guerra Civil y Dictadura’, en el marco del Seminario ‘Mito y realidad de la masonería en la Casa-Museo León y Castillo de Telde, para explicar la persecución a la masonería durante esa época.

La historiadora se centrará específicamente en ese periodo de la historia española, pero explica que la represión a la masonería en el siglo XX no nace como una acción espontánea, ya que desde el siglo XVIII comienza a perseguirla la Iglesia y los poderes civiles. En España, la primera vez que se reprime por parte del poder civil es durante el reinado de Fernando VI, a mediados del siglo XVIII.

Pero, por supuesto, España no es un caso aislado en el mundo, ya que otros muchos países también la reprimieron. De hecho, Holanda es el primer país que comienza a perseguirla. “No es un hecho aislado ni en el tiempo ni en el espacio, viene de varios poderes en varios países”, explica, al tiempo que añade que todos los totalitarismos se han caracterizado también por perseguirla.

Sin embargo, las razones no son siempre las mismas, sino que cada país tiene sus propias razones o intereses creados para esa persecución. En España, en concreto, hubo una supuesta conspiración judeo-masónica-comunista, que en opinión de Turrión “es pura manipulación y demagogia, no exenta de incultura y falta de honradez política y social, porque bajo estos ítems se puede comprender y analizar la simbiosis y la paracultura antimasónica que se crea, con gran potencia, durante la dictadura franquista, con unos efectos que son visibles hasta hoy en día”, asegura.

Es una propaganda de creación de símbolos y mitos antimasónicos de gran efectividad“, y cuando no son capaces de nuevas creaciones, dan la vuelta al calcetín y utilizan las estructuras legales vigentes para culpabilizar al contrario, así surge lo que se viene llamando como justicia al revés, acusando de rebeldes y condenando a los que defendieron la legítima República”, añade.

Otra razón para su persecución estriba en el carácter secreto de sus reuniones, lo desconocido siempre es temido y por ello combatido, “de hecho, una de las primeras acciones que realiza Franco es incautar la documentación masónica para comprender mejor al enemigo y de esa manera poder realizar una efectiva contrapropaganda”, añade.

En opinión de la historiadora “se ocultó que su hermano perteneció a la masonería”. El fallecimiento temprano del hermano de Franco en un accidente de aviación no permitió saber qué hubiera pasado con él, sostiene.

Pese a que la persecución viene de mucho más atrás, Franco, apoyado por la Iglesia, “con un contubernio aplastante entre ambos poderes, sigue engordando esa liturgia, esa propaganda antimasónica de que la masonería era el demonio porque ambos tenían sus propios intereses creados”, asegura.

Y es que hay que tener en cuenta que los masones provenían especialmente del siglo XIX, de la etapa librepensadora, y eran defensores de las escuelas laicas, por tanto, anticlericales. Un gran número de masones iban contra el clero y apoyaban la separación de Iglesia y Estado, una cuestión que iba en contra de la Iglesia, explica. “Unir comunismo con masonería le venía bien, porque ambos eran enemigos suyos, y así utilizaron un mismo recurso para combatir dos enemigos”, añade.

La masonería era una actividad libre y ‘per se’ no había una razón para perseguirla. Sin embargo, Franco se rodeó de un cuerpo de juristas que legalizó la represión para que ser masón fuera de por sí un delito. “El mero hecho de ser masón era punible y perseguible”, especifica. Y ya desde el año 1936 hubo multas y órdenes de persecución, además de dar órdenes de destruir la documentación masónica e imponer una multa de hasta 10.000 pesetas a todo aquel que estuviera afiliado y no renegara de ella.

Turrión explica que en los primeros años de la Guerra Civil se persiguió a la masonería y se dictaron bandos, decretos y órdenes que decretaban su persecución. En esa época, en algunos casos se les fusilaba sin ni siquiera Consejo de Guerra. Posteriormente, en 1940, se creó el Tribunal Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo, y entre ambas secciones, la masónica y la del comunismo, llegaron a juzgar a 64.000 represaliados, de ellos 25.600 corresponden a masones. Ese tribunal no ordenó el fusilamiento de nadie ya que la condenas eran a penas de prisión, que en su mayoría fueron de 12 años y un día. Sin embargo, la mayoría de los masones o no estaban ya en España o ya habían fallecido, por lo que muchos expedientes fueron sobreseídos. De esos 25.600 expedientes abiertos a masones, 300 se refieren a mujeres, según ha investigado Turrión en su tesis doctoral titulada: La represión de la masonería femenina en el Tribunal Especial de Represión de la Masonería y el Comunismo. De estas 300 mujeres que juzgaron por pertenecer a la masonería, realmente 200 lo eran, explica. La mayoría de estos expedientes fueron sobreseídos.

La historiadora destaca el caso de Carmen Bru, que en realidad no era masona. Cuando el Tribunal solicitó información sobre ella para juzgarla como masona, en los informes que les remite la Guardia Civil dice que se le aplicó el bando de guerra, mientras otros servicios de información explicaron que apareció muerta en la carretera de Málaga a Cádiz.

La persecución a las mujeres masonas, orquestada por la Iglesia, se inició mucho antes, porque la masonería femenina se alejaba del modelo de mujer que ellos pretendían perpetuar, asegura. La historiadora explica que eran mujeres muy avanzadas y las divide en dos grupos. Por una lado, las mujeres que eran plenamente conscientes de lo que querían ser, del horizonte que tenían en la vida intelectual, como es el caso de Rosario de Acuña, Ángeles López de Ayala o Carmen de Burgos a finales del siglo XIX y principios del XX. “Es un grupo muy potente, eran muy avanzadas, intelectuales, escritoras y conferenciantes que divulgaban una manera de ser y de estar diferente y eran feminista, era un protofeminismo”, sostiene. Y junto a ellas, el otro grupo de mujeres eran las que se afiliaban a la masonería porque sus maridos lo eran o porque a sus padres les interesaba, y estaban más cercanas a las obras piadosas de beneficencia, explica.

España fue particular en la integración de mujeres en la masonería, porque la masonería estaba prohibida por ley para las mujeres porque no se las consideraba personas libres, por lo que no se las favorecía ni se las dejaba ingresar. Sin embargo, finalmente se admite que la mujer pertenezca y se crea el rito de adopción, por el cuál ellas puedan fundar y crear una logia, pero tutelada por una logia masculina. La particularidad de España fue la existencia de logias mixtas que no se dio en otros países, por la cual hubo mujeres con cargos y como oradoras al mismo nivel que los hombres.

Y no solo fue la única particularidad que se dio en España, porque fue también el único país, junto a los de Latinoamérica, en el que los masones tenían nombres simbólicos como consecuencia de la terrible persecución que sufrieron y que les obligaba a refugiarse en un alias, sostiene.