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Phe 2022 culmina su programación con más de diez horas de música en directo 

La noche del sábado fue el broche final a una semana de música, arte y deportes urbanos que hace que Phe Festival se consolide como la gran cita del verano en Canarias 

Los conciertos de la noche del sábado en Puerto de la Cruz fueron la traca final de Phe Festival, después de una semana centrada en la música, el arte y los deportes urbanos que ha reunido en la ciudad a más de 10.000 personas. Poco más de las cinco de la tarde, puertas abiertas y un público que se animaba a entrar al recinto desde temprano, con unos cuantos grados menos que el día anterior y un alivio de sol que hacía más llevaderas las primeras horas de conciertos. 

En la misma línea que el viernes, puntualidad exquisita y arrancaba lo bueno con Baldosa sobre el escenario. Jóvenes y solventes, está claro que hay cantera en el pop tinerfeño. Algo bueno tenía que salir de una pandemia, ¿no? El Faro tomó el relevo en el escenario dos, con su nueva propuesta que parece funcionar y promete darles muchas alegrías. A ellos y a quienes los escuchan, claro. 

De nuevo se abren las puertas del escenario principal y saltan Adiós Amores. Qué jóvenes, que delicadas, qué talentosas. Charlotte es un hit indiscutible que suaviza el carácter del más hosco y Doce Navajas suena potente, pero pausado, como ellas mismas. Una magnífica banda sonora para un sábado por la tarde junto al mar. Y, de la manera más orgánica que a uno se le pudiera ocurrir, llega el electropop de Lucía Tacchetti, una propuesta ambiciosa y efectiva que la argentina explota al máximo con el beneplácito de un público con más ganas de bailar que nunca. 

“¿Cómo vamos a ir a un festival donde toca un grupo que se llama Chaqueta de Chándal?”, se oyó también en alguna esquina de Puerto de la Cruz frente a un cartel de Phe. Pues usted se lo pierde, señora, porque, además de ser un nombre genial, son descarados, divertidos y, sobre todo, necesarios en un panorama musical cada vez más uniforme. Sus canciones, a medio camino entre el humor y la denuncia, dejan claro que el grupo es mucho más que una frase graciosa o un hallazgo conceptual. “A moderno resabiado no le mires el dentado”, cantan y siguen desplegando su completo catálogo de los vicios de la modernidad. Y que lo entienda quien lo quiera entender. 

Y, en la misma línea renovadora, Alizz, artífice en la sombra de los últimos pelotazos nacionales y, por fin, de los suyos propios. Tiene que haber algo más es su disco debut como solista, y vaya si lo hay. Un sonido y una ejecución impecables crean una atmósfera de euforia que no deja de crecer durante toda la actuación, un trance hipnótico que se nos hizo corto, pero tocaba bailar y Mula empujaba ya desde el fondo del escenario con todas las ganas de poner al público a mover el esqueleto. Qué energía, señor, que emoción. Magnetismo sonoro en el andar musical del dúo, herederas del sonido tropical que miran al futuro. 

Pero, amigo, el horario es el horario y quienes esperaban desde primera hora la actuación de Viva Suecia ya se impacientaban. Los murcianos parecen tener la fórmula del himno indie y, encontrado el método, lo suyo es aplicarlo en cada tema. Canciones como Amar el conflicto o Lo que te mereces son coreadas enérgicamente por el público, muchos incondicionales de los murcianos que responden con su catálogo de hits, que no es poco. 

Xoel López era uno de los platos fuertes de la noche, clásico entre los clásicos del indie nacional con popularidad renovada por la gracia de las series patrias. Renovado su estilo, además, pero con la misma elegancia y solvencia que siempre. Los grandes son grandes por algo, al fin y al cabo. De nuevo, un giro a la izquierda y The Parrots nos esperaban en el escenario dos con todas las ganas del mundo, como si los hubieran tenido secuestrados en el backstage y hubieran abierto la puerta de repente. Había ganas de caña entre el público, que dos años sin bailar se hacen eternos y la fiesta ya era imparable. 

Y, como cantaban Medina Azahara, todo tiene su fin, y la fiesta también. El público en trance, felices, cansados, pero dispuestos al último sprint de baile con Digitalism, el dúo alemán de electrónica que practica un buen equilibrio entre el baile y la tradición germánica, aunque también dejan ver su faceta indie-rock, con un final apoteósico que sugería la continuación de la fiesta en el after más cercano. Porque Phe ya terminaba, queridos, con la promesa de una nueva edición que nos haga más soportable el verano. Que así sea.